Columna: Astronomía en Chile, una estrella crecientemente luminosa

Por el embajador Gabriel Rodríguez García-Huidobro, director de la Dirección de Energía, Ciencia y Tecnología, e Innovación (Decyti) del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Espectaculares y coloridas fotografías de galaxias, cuásares, estrellas y planetas son cada día más frecuentes en nuestros medios de comunicación. Las siluetas nocturnas de los Observatorios El Tololo, Las Campanas, Paranal y últimamente las gigantescas setenta antenas de ALMA instaladas a 5.500 metros de altura cerca de San Pedro de Atacama ya nos empiezan a ser familiares. Algo grande está pasando en la astronomía. Y en ese algo, Chile está en el centro.

Albergamos hoy cerca del 50% de todas las capacidades de observación óptica y radioastronómicas del planeta. Para el año 2021, en que nuevos telescopios gigantes recibirán la “primera luz”, como poéticamente acostumbran llamar los astrónomos al inicio de las operaciones de un nuevo instrumento, Chile será una plataforma astronómica mundial con más del 70% de las capacidades globales de observación.

Esta realidad, de la cual aún tenemos poca conciencia como país, comenzó en el siglo XIX con la instalación de un primer telescopio en el Cerro Santa Lucía y dio un salto en la década de los 60, en el siglo pasado, con la construcción del primer observatorio en Cerro Tololo, cerca de La Serena. A partir de allí, el desarrollo ha sido vertiginoso.

Hoy tenemos una comunidad de astrónomos y astrofísicos que supera la centena, y una cantidad similar de científicos en vías de obtener su doctorado. Crecientemente, jóvenes con los más altos puntajes en la PSU, optan por la astronomía. Tres universidades en Santiago y regiones ofrecen programas de doctorado en astrofísica. Las colaboraciones científicas internacionales se multiplican y, poco a poco, nos vamos posicionando como un nodo clave en las redes internacionales colaborativas de la investigación en este campo.

Chile, a través de su comunidad astronómica es hoy actor central de los más importantes descubrimientos en este campo. El astrofísico australiano Brian Smith, que recibió en 2011 el premio Nobel  de Física (no existe el Nobel de Astronomía) por el  descubrimiento de la expansión acelerada del universo, a través de observaciones de supernovas distantes – elemento básico en la indagaciones sobre la “materia oscura”, realizó sus investigaciones en observatorios chilenos y con colaboradores nacionales. En Chile se descubren exoplanetas y se estudia la posibilidad de vida en otras partes del universo. El “big bang” que dio origen a nuestro universo, también ocupa día a día a nuestros científicos. El 10% de los papers científicos sobre investigaciones astronómicas realizadas en observatorios en Chile tiene por autores a científicos chilenos.

Las oportunidades que abre la astronomía, no se agotan en lo científico. Esta es sólo una de varias dimensiones que nos aporta este laboratorio natural de cielos limpios y oscuros que tenemos. Es aquí donde, desde Cancillería y en estrecha coordinación con otros actores de Gobierno y universidades, se ha desarrollado una política pública astronómica que asuma no sólo la oportunidad para Chile, sino también la responsabilidad que tenemos frente al mundo.

La astronomía, por su altísima complejidad tecnológica y de innovaciones de punta, es una oportunidad para nuestro país: tenemos en nuestro territorio  una “escuela de ingeniería” de proporciones mundiales en óptica, robótica, electromecánica, ingeniería antisísmica, diseño, procesamiento y trasmisión de “big data”, entre otras. Todas ellas claves para el salto al desarrollo que queremos dar en otras áreas de nuestro país.

Hoy también la astronomía empieza a ser parte de nuestra imagen país, del salto a la sociedad del conocimiento que ambicionamos. La astronomía nos da un atractivo internacional por la vía del turismo de intereses especiales: el astroturismo. 

Por último,  la astronomía es un espacio cultural y educativo. Chile necesita más ciencia. La astronomía es la mejor introducción a la vocación científica para las nuevas generaciones. Y  también es un elemento clave para expandir nuestra experiencia cultural y la conciencia de ser humanidad.

Todas estas oportunidades que nacen de este privilegiado “laboratorio natural” que poseemos, también nos impone responsabilidades. Somos depositarios de valores incalculables para la humanidad. Tenemos el deber de proteger nuestros cielos, para que sigan siendo oscuros y limpios. Pero no sólo para la investigación científica, sino también para que los habitantes del planeta vuelvan a gozar del derecho a observar el firmamento infinito a simple vista.

Fuente: Ministerio de RREE.

 

 

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