Columna: Difusión astronómica: una oportunidad y un deber

Por Gaspar Galaz, astrónomo, PhD en astrofísica de la Universidad de París VII y director del Instituto de Astrofísica de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Los jóvenes chilenos tienen hoy muchos sueños, imaginación y ganas de aprender cosas nuevas. Mucha curiosidad y ansias de saber. Y no sólo ellos: la población en general está ávida de iniciativas que les amplíen el mundo más allá de sus rutinas y obligaciones laborales. Basta ver cómo se vuelcan masivamente a disfrutar de los parques o a visitar los museos existentes, cuando no tienen restricciones económicas para hacerlo.

Todo lo anterior, sin embargo, genera para nosotros, científicos y universitarios, la gran responsabilidad de responder a ese interés desarrollando proyectos relevantes de difusión científica que logren maravillar, proveyendo experiencias únicas e inolvidables, las que —como bien sabemos— cumplen un rol fundamental en todo proceso educativo. Una misión que es aún más relevante si consideramos todos los problemas y limitaciones por los que atraviesa nuestro sistema educacional.

Hacer difusión científica, es empatizar con la imaginación y la necesidad de soñar que tienen las personas. Es conectarse con la curiosidad y los anhelos de saber, con el simple apetito y el placer que genera la posibilidad de comprender el mundo y la naturaleza, sin que de ello se derive necesariamente ninguna utilidad práctica.

Y, ciertamente, la astronomía nos brinda en esto una gran oportunidad, por varias razones. En primer lugar, por el alto interés público que suscita esta ciencia, que hoy es la gran novedad en los medios de comunicación, donde acapara noticias de forma permanente con las instalaciones de nuevos y grandes telescopios, o con los grandes descubrimientos realizados en los observatorios que ya están funcionando. En segundo término, por la presencia de los grandes observatorios internacionales instalados en Chile, los que resultan ser aliados de excelencia para cualquier proyecto ambicioso de divulgación astronómica. Y, por último, por la particularidad de esta disciplina, que le permite a quien haya sido conmovido por una experiencia de divulgación seguir conectado y disfrutando con ella, mediante el simple ejercicio de mirar al cielo dondequiera que esté. Algo que pocas ciencias pueden ofrecer.

Pero hacer ciencia y hacer difusión científica son cosas diferentes. Y nada garantiza que los buenos investigadores científicos sean, también, igual de competentes para hacer difusión: cada ámbito plantea sus propios desafíos. Y menos aún, que un país por el solo hecho de tener condiciones naturales excepcionales para el desarrollo de una ciencia —como ocurre con Chile en materia de astronomía—, tenga asegurada su capacidad para hacer difusión astronómica de calidad. El asunto opera más bien en el otro sentido: nuestros cielos privilegiados para la astronomía nos ponen en la obligación de aprovechar su potencial para desarrollar buenos proyectos de difusión astronómica.

Es una tarea en la que considero que las universidades tienen el rol de generar ideas y detonar acciones, pero en la que necesariamente se requiere la concurrencia de otros actores, dedicados expresamente a ella. Una tarea en la que, además, debiéramos incentivar el desarrollo de muchas y muy diversas iniciativas, tanto educacionales como turísticas, y —sobre todo— generando algún proyecto grande y emblemático. Tenemos que ser capaces de pensar en grande. Cuando se fundó en Chile el Museo Nacional de Historia Natural, éste era un país mucho más pequeño y más pobre. Sin embargo, quienes lo impulsaron fueron capaces de pensar en grande.

Tenemos todas las condiciones para desarrollar un gran centro de difusión astronómica en Chile, que no tenga nada que envidiar a los mejores que existen en el mundo desarrollado, como el mismo Griffith Observatory en Estados Unidos, u otros centros en Francia o Alemania. Tenemos una ciencia de alta visibilidad, condiciones naturales extraordinarias, presencia de actores de primer nivel mundial, recursos económicos y disposición de muchos astrónomos a involucrarse en tareas de difusión, algo que no se da por igual en todas las disciplinas científicas, pero que en astronomía es particularmente abundante.

Tenemos que aprovechar la oportunidad.

Fuente: PAT.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *