Columna: Por la protección de los cielos del norte de Chile

Por Dr. R. Chris Smith, Jefe de Misión de AURA en Chile.

Los cielos oscuros son un recurso muy importante para Chile, pues permiten que el país sea un verdadero laboratorio natural. La preocupación por protegerlos es un tema relevante que se empezó a formar en la década del ‘90, motivada por el crecimiento de La Serena y de otras ciudades del norte de Chile, muchas de las cuales están cerca de los observatorios astronómicos. En ese marco, junto a las autoridades nacionales y locales de ese entonces, se abrió la posibilidad de plantear la creación de una norma para el resguardo de los cielos.

Ya en 1998, y después de un arduo trabajo de las autoridades de Medio Ambiente, se publicó el Decreto Supremo Nº 686/1998 MINECON para las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo; normativa  que sirvió para definir cómo alumbrar, definiendo que la luz debería ir hacia abajo, y no hacia arriba, y qué tipos de luces se deben usar, tanto para proteger el cielo, como para la eficiencia energética. Y de esa manera, con la implementación de la norma se mejoró bastante el entorno nocturno de los observatorios del norte del país. La idea no fue controlar el crecimiento urbano e industrial en sí mismo, si no que se realizara de una manera sustentable, donde se protegiera el cielo y que en paralelo hubiese crecimiento.

Desde 1998 hasta la actualidad, dicha norma tuvo éxito en la protección del cielo nocturno patrimonial del norte del país. El problema que se origina actualmente, es que la tecnología ha avanzado notablemente, y por ende, hay amenazas que no existían en el año 98, como las luces LED, que han sido incorporadas en pantallas que se sitúan al lado de la carretera o en la iluminación pública. Y para poder controlar estos casos, es que el 2012 los observatorios astronómicos de AURA, CARSO y ESO comenzamos a trabajar en conjunto con el gobierno de Chile y la  Oficina de Protección de la Calidad de los Cielos del Norte de Chile, para desarrollar una nueva norma lumínica, que fue publicada el 2013 (el Decreto Supremo Nº 043/2012 MMA).

Actualmente esta norma se encuentra en proceso de puesta en marcha, pero su implementación ha tardado más de lo esperado y esperamos que para fin del 2015 las instituciones pertinentes puedan fiscalizar, de acuerdo a los parámetros exigidos por la nueva medida.

Tenemos estudios que muestran, que el brillo del cielo al horizonte de Cerro Tololo está aumentando, entre el horizonte y unos 20 grados arriba de éste. Esa área casi nunca es utilizada en astronomía, porque es muy baja para apuntar con los telescopios y mirar hacia allá, pero igualmente constituye una señal de alarma, que nos indica que estamos perdiendo una parte del cielo oscuro.

Además, hay imágenes de la ciudad de La Serena, en plena implementación de la norma anterior, que muestran el progreso que se hizo bajo la normativa antigua. Si tomamos la imagen hoy, hay muchos focos de luz fría (fuertemente azulada, que es la peor para la astronomía), y hay más focos que están con su luz dirigiéndola hacia el cielo, en vez del suelo. De modo, que está creciendo de nuevo el número de luces que no cumplen, lo que es motivo de nuestra más alta preocupación.

Estamos en un período bastante complejo, ya que hay confusión sobre la aplicación de la norma anterior y todavía falta información sobre la nueva. Se necesita definir la implementación de la norma, faltan laboratorios para poder certificar, fuertes medidas de fiscalización, y un programa de buena educación ciudadana, que es algo que estamos conversando con el gobierno. Nuestra meta es que se eduque a la ciudadanía, a quienes realizan los proyectos de urbanización, arquitectos, y que sólo se requiera un poco de fiscalización.

Todo esto es fundamental para enfrentar los nuevos avances de los LED, que emiten una frecuencia azul. Esta luz no sólo afecta el cielo, porque dispersa más que la luz amarilla, también afecta a la salud de la gente y la naturaleza. Si uno busca las investigaciones médicas, encuentras estudios que demuestran que la luz azul que emiten los LED, disminuye la reproducción de melatonina, hormona que se reproduce en su mayoría en la noche, que estimula el sistema inmune, protegiéndonos contra enfermedades como el cáncer. La contaminación lumínica, no sólo afecta a la astronomía, sino también a la sociedad.

Si bien, esto surge por la contaminación lumínica, en realidad lo que estamos hablando es de la protección de los cielos oscuros. Es la protección de ese recurso de Chile, que hace que el país tenga un laboratorio natural. Los cielos del norte de Chile son los mejores del mundo en muchos aspectos, y es por eso que para el 2022 concentrará el 70% de la astronomía mundial. Es un recurso privilegiado y único en el mundo. Por algo, los extranjeros visitan el Valle de Elqui en busca de los cielos más oscuros y nítidos.

Los cielos oscuros no sólo son valiosos para los ojos de los observatorios, también para los del gobierno, como parte del patrimonio nacional del país. Ese es el mensaje que estamos desarrollando en colaboración con el gobierno de Chile, y específicamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores, con Imagen Chile, con SERNATUR, con el Ministerio del Medio Ambiente y con otras entidades.

Queremos proteger este bien nacional, para las actividades científicas, para los próximos proyectos astronómicos, y por qué no decirlo, para las futuras generaciones, para que nuestros niños puedan apreciar y valorar el cielo oscuro desde el norte de Chile.

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