La política astronómica que lidera el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile

Por María José Goecke M.

El hombre clave de la Cancillería en materia astronómica, cuenta los planes que el país tiene con respecto a este tema, el que se visualiza como factor clave de la imagen país. Además, destaca el rol del astroturismo.   

El director de Energía, Ciencia y Tecnología e innovación (DECYTI) del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gabriel Rodríguez García-Huidobro, nos comentó sobre el trabajo que ha liderado la Cancillería, a través de la política astronómica que tiene Chile, lo que ha permitido posicionar internacionalmente al país en esta temática.

El embajador explica cómo Chile planea avanzar para contar con observatorios que sean declarados Monumentos Nacionales, y también Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El objetivo, es preservar el laboratorio natural que nos entregan los cielos oscuros de nuestro país.

¿Por qué se eligió a Chile como coordinador de la red mundial de observatorios astronómicos de valor patrimonial?

-La razón más inmediata, es que hoy Chile es el país con el mayor porcentaje de las capacidades de observación óptica y radio astronómicas del planeta. Por esto, jugamos un rol muy reconocido a nivel internacional. Además, nos vemos movilizados para liderar este tema ante la Unesco, las Naciones Unidas, junto a otros países. En reconocimiento, nos han pedido que coordinemos esta red, que tiene que ver con el patrimonio mundial, que cuenta con puntos focales en los países donde hay observatorios importantes.

El asunto comienza, con el hecho de que hay algunos temas que les han preocupado a los expertos que se reúnen en el Congreso Mundial de Astronomía, instancia científica que este año se realizó en Hawái. Y los cielos oscuros son uno de esos temas de interés, ya que los astrónomos buscan proteger los cielos para realizar sus observaciones.

Lo que se busca, es que los observatorios astronómicos -que tienen un valor histórico como tal- puedan convertirse en Monumentos Nacionales en cada país, y luego ser declarados Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. De este modo se podría contar con más y mejores alternativas para proteger los cielos, de manera de seguir realizando observación en el tiempo.

En el fondo lo que se busca es proteger estos lugares…

-Exacto. Proteger como lo hace la Unesco, es decir, por el valor universal que éstos tienen para la humanidad. Al proteger a los observatorios, es natural que también se protejan los cielos oscuros. De lo contrario, ese valor no podría seguir.

Si queremos seguir recibiendo grandes inversiones tecnológicas astronómicas, lo que es parte de la política del gobierno, tenemos que proteger nuestro laboratorio natural: los cielos oscuros.

¿Qué significa en concreto coordinar esta red?

-Lo que nos interesa, es intercambiar las experiencias que cada país va a tener en este primer proceso de declaratoria de Monumento Nacional. Cómo cada uno avanzará en su declaratoria, y obtendrá elementos que permitirían, en algún momento, hacer una presentación a la Unesco, mediante una declaración en conjunto.

Para el segundo proceso (el de Patrimonio de la Humanidad), la Unesco indica que tiene que demostrarse que el sitio que se busca inscribir tiene un valor universal y de importancia para las próximas generaciones, entre otras características muy precisas. Cada país tiene que hacer un ejercicio, para demostrar que los observatorios cuentan con ese valor.

La dificultad es que esto no se ha hecho antes…

-Claro. Nunca se ha hecho esto para los observatorios. Por eso es importante el proceso. Por ejemplo, la identificación del valor patrimonial, implica un nivel de conciencia para la ciudadanía, del valor que esto tiene. El gobierno también tiene que ir tomando medidas, si es que hay problemas con los cielos oscuros.

Además, estos temas se conectan con otros ámbitos, como el turismo. Al turismo le va a interesar que los sitios astronómicos estén protegidos, pues permite expandir la oferta y darle sostenibilidad en el tiempo, en la medida que existan estos mecanismos de protección. Por ejemplo, las alcaldías y los gobiernos regionales tienen que tomar conciencia sobre la protección de los cielos oscuros, porque si se deterioran las condiciones del cielo, están eliminando posibilidades de atraer grandes inversiones científicas.

Lo que se relaciona también, con lo que usted menciona del derecho de mirar el cielo…

-Conversando con los astrónomos más experimentados, que se dedican a los temas educativos, aprendí que ver el cielo en la noche a simple vista, por ejemplo, en Paranal, es totalmente espectacular. El derecho de ver el firmamento a simple vista, es algo que hemos ido perdiendo, y que hay que comenzar a recuperar. En una experiencia astroturística, el gran atractivo es observar el cielo.  

El astroturismo se ve como una enorme oportunidad para que Chile se destaque como destino…

El astroturismo tiene la ventaja de poder mostrar un país que tiene raíces profundas en la historia de miles de años, y que al mismo tiempo se proyecta hacia el futuro. Su potencial está también en lo que son los nuevos temas turísticos, como los intereses especiales. Y ahí Chile tiene todas las de ganar. Me puedo imaginar perfectamente, que cruceros puedan recalar en Antofagasta, donde están estas enormes construcciones científicas, que son un espectáculo al verlas en contraste con el desierto. Y si al mismo tiempo hay un discurso y un circuito que los conecte con las tradiciones originarias, se genera una oferta turística.

 ¿Es ésta una oportunidad de identificar a la astronomía con la imagen país?

-Estamos trabajando con la Fundación Imagen de Chile para que la astronomía sea una componente destacada de la imagen país. Si lo que Chile busca es dar un salto al desarrollo, y salir de sólo explotar materias primas y avanzar hacia una economía con valor intelectual y agregado, la astronomía es un estupendo ejemplo: es ciencia, tecnología, turismo, educación y cultura.

¿Entonces, no podemos pensar en un Chile sin la astronomía como elemento diferenciador?

-Exactamente, porque la astronomía va a ser un pilar fundamental. Todo lo que genere esta materia, será fundamental para el desarrollo del país, en términos de ciencia, tecnología, robótica, educación, turismo e imagen país. Por eso es tan importante.

El gobierno está trabajando en potenciar esto, a través de una política astronómica.

¿De qué se trata esta política?

-Cuando se trajeron los primeros grandes observatorios, hace 50 años, una de las estrategias de atracción que Chile consideró adecuadas fue otorgar a estos lugares calidad diplomática. Por tanto, la Cancillería ha sido el ente que colabora con ellos.

Durante muchos años esa relación fue más bien administrativa, lo que cambió desde que se creó la Dirección de Energía, Ciencia y Tecnología e innovación (DECYTI). Ésta es una dirección que sale a buscar los proyectos. Por ejemplo, competimos contra España para tener el telescopio más grande del mundo, el E-ELT. Ahí hubo que hacer una campaña, y el Ministerio de Relaciones Exteriores encabezó la negociación.

En la actualidad, como DECYTI somos la ventana de atención única de estos consorcios internacionales, y nos relacionamos con el Ministerio de Bienes Nacionales, para las concesiones de terrenos; con Conicyt, por los temas científicos; con el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, para involucrarlos en los temas tecnológicos y de turismo; con la Fundación Imagen País; y así. Nosotros articulamos la política astronómica.

¿Cómo comenzó la iniciativa para declarar a los observatorios Patrimonio de la Humanidad?

-El año 2012 fue la primera vez que hablé en la Unesco sobre la protección de los cielos oscuros y de los sitios astronómicos, y hubo resistencia. Me dijeron que el tema del patrimonio mundial, era de la tierra para abajo. Entonces, al principio fue muy duro. Pero poco a poco empecé a entender la lógica, hablé con otra gente, y descubrí que en Inglaterra se estudiaba arqueoastronomía, por lo que trajimos a un experto, que hizo un análisis de las culturas originarias y su relación con la astronomía.

Éste ha sido un proceso de ir entendiendo la lógica que hay, y también influyendo sobre la interpretación de esto. Ya estamos de acuerdo que un sitio astronómico físicamente puede ser considerado Patrimonio de la Humanidad, y que para que su valor universal se mantenga, hay que proteger la proyección que éste tiene. Entonces, se empezó a entender que en cierta medida, el cielo también tiene que estar protegido.

Es un trabajo que estamos descubriendo, que ha implicado que estemos introduciendo nuevas lecturas al concepto de Patrimonio de la Humanidad.

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