María Teresa Ruiz, una abanderada por la difusión de la astronomía

Por María José Goecke Munita

Historias, imágenes alucinantes, humor, los mejores cielos del mundo para observar el cosmos, charlas, misterios del Universo y un sinfín de elementos, son los que conjuga esta destacada astrónoma chilena, para acercar esta ciencia a los chilenos, y hacerla parte de nuestro país.

La primera mujer en obtener el Premio Nacional de Ciencias Exactas de Chile en el año 1997, convoca. Cada vez que dicta una charla de astronomía, la sala se repleta. Y es que esta destacada astrónoma, tiene muy claro cuáles son los puntos que hacen que la gente se interese y se motive con la ciencia que estudia los astros.

María Teresa Ruiz escribe libros, dicta charlas, da entrevistas en los medios de comunicación, y aprovecha cada oportunidad que tiene para difundir la astronomía. ¿Cómo esta científica se abanderó con la difusión?, ¿cuáles son las estrategias que usa para incentivar, tanto a niños, como a adultos?, ¿qué visión tiene de lo que se hace en Chile para masificar esta ciencia?  Esto es parte de lo que nos cuenta la actual directora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).

¿En qué minuto decidió dedicarse a la divulgación de la astronomía?

-En los años 90 hubo un invierno muy crudo en el sur, que llamaron el terremoto blanco. Fue un drama. Yo estaba viendo las noticias que mostraban lo que estaba pasando, y se veía un helicóptero de los Carabineros, que llegaba con víveres para las familias que estaban más aisladas. Atrás de lo que se veía había un niño, sentado arriba de algo, como tomando distancia de lo que pasaba en ese instante. En eso, una periodista se acercó a él -con harta dificultad por la nieve-, le preguntó el nombre y le dijo que qué quería ser cuando grande. El niño era de pocas palabras. La miró y le dijo: “astrónomo”. La periodista le dijo: “ah, astronauta. ¿Quieres andar en cohetes?” Y él le dijo: “no, astrónomo”. Él se lo dijo de tal manera, que ella quedó tan cortada, que se despidió y se fue. Yo me quedé para adentro. Me quedé atascada, pensando qué posibilidades tendrá ese niño de hacer realidad sus sueños, ahí lejos en la montaña. Pensaba, a qué tenía acceso él. Fue ahí cuando me convencí que escribir libros para niños y también para el público general era algo que sí valía la pena. Porque ese libro, lo podría leer ese niño aunque no tuviera electricidad, internet, ni nada. Esto es algo que él podría mirar y leer.

Así partí. Escribiendo libros para niños y también dando charlas, porque yo vengo de un ambiente muy poco científico. Como toda la gente que me rodea, no es de ciencia, y como me encanta hablar, cuando nos juntábamos en los almuerzos familiares, para poder contar las cosas que me emocionan, tenía que contar lo que hago en palabras de todos los días. Eso me ayudó a tener más experiencia de hablar con palabras cotidianas, tratando sí de ser correcta en los conceptos.

Me empezó a ir bien en eso. La gente se siente contenta al entender algo que le parece un poco complejo. Lo otro que me di cuenta, es que la astronomía tiene imágenes caballas, y la belleza atrae. Produce cercanía. Cuando ves algo bello, se te abre la mente. Si muestras una nebulosa maravillosa, la gente de inmediato se enamora de eso.

A eso, usted le agrega humor en las charlas, para mantener la atención y motivar. ¿Cómo usa ese elemento?

-Depende de la audiencia. Hay públicos que son más difíciles y uno no se puede salir demasiado, pero si no, me aburro yo también, entonces me empiezo a echar tallas yo misma.  Dependiendo de la audiencia, cuento anécdotas que son relacionadas con el tema, lo que hace que la gente se sienta más en una conversación, que en una charla.

¿Cómo ha ido adaptando sus charlas, según lo que ve que le interesa más a la gente?

-Hay temas como el de los observatorios chilenos, que me he dado cuenta que la gente no los conoce. Una vez, una señora que trabaja en la Corfo me decía que no tenía ni idea que en Chile hubiera estos observatorios tan espectaculares. Otra vez estuve en Huilo Huilo como invitada, y di una charla ahí. Luego, se me acercaban las parejas con un perfil de adulto profesional, diciéndome que tuvieron que llegar ahí para recién enterarse de la maravilla de la astronomía en Chile. Se sorprendían de que nunca se hubieran enterado de eso. Aunque uno cree que lo ha repetido mucho, y que esto es algo que todo el mundo debería saber, en realidad no es así.

Entonces, hacer una iniciativa de astroturismo a nivel nacional, creo que tiene un montón de sentido. Lo que yo puedo hacer es limitado. Si bien, con los libros es un poco más masivo, porque el Ministerio los ha puesto en las bibliotecas públicas y el programa Explora de Conicyt también ha comprado libros para regalar a los niños, es limitada la cantidad de cosas que yo pueda hacer.

¿El astroturismo podría ser una alternativa para ayudar a la difusión de la astronomía?

-Claro. El astroturismo podría ayudar a la difusión de la astronomía y a la imagen país.

En cuanto a esto último, los primeros días de octubre fui a Milán a la semana de la astronomía,  donde dimos charlas una vez al día con José Maza, Guido Garay, Leonardo Vanzi, entre otros astrónomos. Cuando el embajador de Chile en Roma se enteró de que estaría allá, me pidió que pasara de vuelta a Roma, y que diera una charla de astronomía de los observatorios.

Antes era distinto. En el año 2000, yo estuve en la Comisión Bicentenario, que nombró Ricardo Lagos. Y cuando estaban discutiendo el tema de la imagen país, propuse que la astronomía fuera parte de la imagen país, y nadie me infló.

¿Qué se puede hacer en Chile para potenciar la divulgación de la astronomía?

-Yo creo que en un acuerdo con los observatorios, se podría instaurar un sistema de visitas para los colegios públicos. El tema, es empezar a mostrar esto a la gente de todo Chile, y no sólo a los de Santiago.

Creo que la astronomía, por ser algo que convoca un alto interés, se puede usar como una tremenda herramienta para incentivar la curiosidad en los niños. Recuerdo una vez que me invitaron a Quillón, cerca de Chillán, a unas escuelas rurales. Me habían planteado que los niños eran medios apáticos. Di mi charla, y los niños me hicieron las mismas preguntas que me hacen en todas partes, gente de distintas edades. Después me llamó la directora de educación de ahí, y me dijo que hubo un antes y un después de la charla. Lo que cambió fue que los profesores se dieron cuenta de las inquietudes que tenían esos niños eran las mismas que las de cualquier adulto. Eso cambió la dinámica de la relación entre los profesores y los alumnos. Los profesores se habían lanzado a hacer pensar más a los niños, a interactuar y ver temas que pensaban que los estudiantes no iban a entender o no les iba a interesar.

¿Cree que a través del turismo se podría llegar a más gente?

-Claro. Una cosa, es el turismo nacional, que tiene esa componente de educar a los niños y al resto de la población. Otra, es el turismo para gente de otros países, que buscan hacer turismo de intereses especiales. Esas son dos cosas que quizás deben tener estratégicas distintas.

¿Cómo estamos como país para poder difundir estos temas, pensando en el interés de las universidades y de los científicos? ¿Qué nos hace falta?

-A  nivel de universidades, siento que la difusión no puntúa. Cuando juzgan tu currículum, ven cuántas publicaciones haz hecho, cuántas clases haz realizado, y si haz difundido o no, es irrelevante. Eso es algo que he alegado, porque pienso que el rol de la universidad, no es sólo educar a la gente que llega allá, sino que también tiene una obligación de que el conocimiento que se alcance llegue a toda la sociedad.

Si tuviera los recursos, ¿qué haría para hacer algo potente para la difusión de la astronomía en Chile?

-Una herramienta súper potente es la televisión. Entonces, sería conseguir tener programas de televisión, donde uno pudiera hablar de estos temas de forma atractiva. Ponte tú, una serie que pasen por la tv abierta. Ahora que a los canales de televisión los están obligando a tener un espacio cultural, yo creo que ahí habría un espacio, que podría abrir vocaciones y explicar estos temas a gente de distintas edades.

La astronomía no es sólo hablar de conocimientos, sino que también abre la mente…

-Te saca de la matriz. Uno está metido en la matriz, y no te das cuenta de que vivimos en un conjunto de parámetros muy acotados en nuestra vida diaria, por nuestra cotidianeidad, y que lo que hay afuera es muy distinto. Es bueno ubicarse. Darse cuenta que somos muy especiales y todo, pero que vivimos en un mundo que excede por mucho todo lo que vemos en los diarios día a día. Creo que nosotros como país, dueños de la ventana para observar el universo, deberíamos ser los primeros en salir de la matriz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *