¿Qué ha pasado con la regulación de la contaminación lumínica y su implementación?

Por María José Goecke Munita

Cuando en mayo de 2014 entró en vigencia la nueva norma que busca proteger los cielos del norte de Chile, la anterior fue derogada, sin que la nueva medida estuviera siendo aplicada, situación que se ha extendido hasta hoy, lo que ha generado gran preocupación en el sector astronómico. Desde el Ministerio del Medio Ambiente, indican avances, ya que los protocolos de medición definitivos para acreditar laboratorios estarían listos en agosto.  

Fue la preocupación de los observatorios científicos por resguardar la oscuridad de los cielos de Chile, la que impulsó la creación, en 1998, de la primera norma para regular la contaminación lumínica en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, por ser éstas las zonas del país con las mejores condiciones para la astronomía.

Dicha normativa estableció la necesidad de proteger los cielos, creando controles para la certificación de los dispositivos construidos con el fin de producir luz, y para su correcta instalación. En concreto, la norma determinó la cantidad máxima permitida de emisión lumínica hacia los cielos nocturnos, junto con la dirección que debía tener la iluminación (hacia abajo y no hacia arriba) de las luces de la ciudad y de la actividad minera e industrial de las zonas señaladas. Además de generar importantes avances para la observación astronómica, la aplicación de esta norma también aportó en mejoras relevantes en eficiencia energética.

Sin embargo, con los años se desarrollaron nuevas tecnologías en iluminación, como los LED, que obligaron a cambiar la normativa. Daniel Alarcón, ingeniero eléctrico de la unidad de Alumbrado Público de la SEC, explica lo que contemplaba la norma antigua. “Sólo consideraba la contaminación lumínica producida por las luminarias tradicionales, con lámparas de descarga, incandescente y fluorescente. No contemplaba la tecnología LED”, detalla.

El segundo Vice-presidente de la Sociedad Chilena de Astronomía (SOCHIAS), Guillermo Blanc, explica lo que ocurre con los LED. “Hay que entender que la contaminación lumínica se produce, porque la luz se diluye en la atmósfera. La luz más azul, se difumina más que la roja. Y los primeros LED que llegaron son súper azules (los de luz fría). Pero hoy existen LED cálidos, que emiten luz más roja, con prácticamente la misma eficiencia que los azules, y menor contaminación lumínica”, explica el astrónomo.

Pedro Sanhueza, encargado de la Oficina de Protección de la Calidad del Cielo del Norte de Chile (OPCC), comenta algunos casos de éxito internacionales, en los que, en busca del resguardo de los cielos, se ha utilizado la luz de modo eficiente. “Las calles de Hawái cuentan con una iluminación de un color más bien ámbar, bastante mejor que las que tenemos en las playas del norte del país. En las Islas Canarias, también tienen iluminación ámbar, con niveles bastante prudentes y con una luz más ecológica. En ese sentido, nos llevan la delantera”, recalca.

Al problema planteado por la nueva tecnología LED, se sumó la información que en 2009 recibió el Ministerio del Medio Ambiente de la NASA, “donde se indicaba que se hicieron pruebas con las partes blanco y azul del espectro luminoso, detectándose que la exposición a la luz blanca tendría consecuencias negativas en cuanto al cáncer de mama y de próstata”, cuenta Igor Valdebenito, jefe de sección de Acústica y Ondas Electromagnéticas del Ministerio de Medio Ambiente.

La preocupación del sector astronómico

Para mejorar las deficiencias de la norma anterior, en 2012 se promulgó una nueva normativa, que entró en vigencia en mayo de 2014. En ella se mejoran aspectos como la inclusión de la tecnología LED y de los letreros luminosos, además de incorporar a la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) como el organismo a cargo de fiscalizar el cumplimiento de la norma, lo que antes estaba a cargo de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC).

El asunto, es que aún no se ve reflejada la aplicación de esta nueva norma en los procesos de  certificación de productos y fiscalización. Esto ha levantado alarmas, en especial en el sector astronómico, porque cuando en mayo del año pasado entró en vigencia la nueva norma, la anterior fue derogada, por lo que aún no se pueden certificar los productos de iluminación en las regiones involucradas.

“Lamentablemente tenemos la sensación de que no está plenamente vigente la nueva norma”, comenta preocupado Pedro Sanhueza de la OPCC. Lo mismo hace Christopher Smith, Jefe de Misión de AURA en Chile. “Hace meses que esperamos que esto se arregle. Estamos en un periodo bastante peligroso. Se necesita definir la implementación de la norma”, expresa. Desde la SMA, Juan Eduardo Johnson, jefe de la unidad técnica de la División de Fiscalización, dice que si bien la norma está vigente, “el tema es que si hoy un proyecto de iluminación quisiera instalarse, debe cumplir con los requisitos establecidos, pero no podría hacerlo, porque no tiene cómo certificar sus luminarias”. Pedro Sanhueza, de la OPCC, afirma que varias empresas se han aburrido de esperar para conseguir equipos certificados, y que habrían instalado lo que pudieron conseguir. Para él, “el efecto en el cielo nocturno en el último par de años ha sido de franco deterioro”.

El Jefe de Misión de AURA Chile, ejemplifica la situación, indicando que a simple vista, es posible ver que el número de luces que no cumplen están creciendo nuevamente. “Tenemos imágenes de la Serena en plena implementación de la noma anterior, que muestran el progreso que se hizo bajo la normativa antigua. Si hoy tomamos la misma imagen, hay muchos focos fríos, y hay más focos con luz apuntando hacia arriba. Estamos perdiendo la guerra de la protección del cielo”, manifiesta Christopher Smith. A lo que agrega, “no sólo se necesita una nueva norma, sino también, como en 1998, un nuevo esfuerzo, combinado de educación y fiscalización”.

La imagen de La Serena, tomada  antes de la primera norma y la otra es del año 2005, con la implementación de esa norma (fuente OPCC).

La Serena sin y con norma antigua

Fotografía tomada el año 2014, luego de entrada en vigencia la segunda norma, donde comienza a aumentar el registro azul (fuente (OPCC).

La Serena y Coquimbo, 2014

Guillermo Blanc, de SOCHIAS, subraya la importancia de proteger los cielos del norte del país. “No hacerlo, es como poner un vertedero en las Torres del Paine. El cielo del norte de Chile, es el mejor cielo del mundo. Y listo. Tenemos los cielos más lindos, con un patrimonio natural espectacular y con un valor científico único para la humanidad. Es como lo que represenContaminación lumínicata para Australia su barrera de coral. Éste es un tema de defensa de ese patrimonio que tenemos”, afirma el astrónomo. Y esclarece, “no es que hay que mantener las ciudades o los pueblos a oscuras. La contaminación lumínica no pasa por no iluminar, sino por iluminar bien y de manera eficiente, lo que también ahorra mucha energía”.

Para Igor Valdebenito, experto del Ministerio de Medio Ambiente, la norma que regula la contaminación lumínica, no sólo beneficia a la astronomía. “También se ahorra energía. En 2001 o 2002, por ejemplo, se cambió la luminaria en Monte Patria, y nos encontramos con un ahorro energético del 40%. Además vimos otros beneficios, como mayor seguridad, porque hay más luz apuntando hacia el suelo, y también hay contribución al turismo astronómico”, puntualiza.

¿Qué ha pasado con la nueva norma?

El retraso en la implementación de la nueva normativa tiene varias causas.

Para que la SEC autorice a los laboratorios para certificar los productos de iluminación, la Superintendencia del Medio Ambiente debe aprobar los protocolos de medición, para hacer los ensayos correspondientes. Desde la SEC, Daniel Alarcón explica lo ocurrido, “se suponía que desde la aprobación de la nueva norma, hasta cuando entró en vigencia, se iban a aprobar estos protocolos. Pero esta aprobación todavía no se ha concretado definitivamente”.

Funciones SEC y SMA

Lo que ocurrió fue que luego de que se publicara la nueva norma que regula la contaminación lumínica, el Ministerio del Medio Ambiente realizó una consultoría para elaborar los protocolos de medición y así poder comenzar a acreditar laboratorios. Sin embargo, no se llegó a acuerdo. Según Juan Eduardo Johnson, jefe de la unidad técnica de la División de Fiscalización de la SMA, “esa mesa técnica no logró consensuar los contenidos de esos documentos. Y se optó por generar una nueva consultoría, para evaluar la inicial y proponer las mejoras necesarias, lo que retrasó administrativamente todo el proceso”.

La segunda consultoría, que se realizó el 2014, entregó sus resultados a comienzos de 2015, producto de ello, se aprobaron los protocolos, mediante una resolución publicada en marzo de este año en el Diario Oficial. Pero el tema no quedó ahí.

Por un lado, Daniel Alarcón, de la SEC, señala que, “los protocolos no están totalmente aprobados, aunque la Superintendencia del Medio Ambiente sacó una resolución donde los aprobaba, y también los puso en consulta pública, recibiendo observaciones, comentarios y propuestas. Por lo tanto, la aprobación de los protocolos definitivos, todavía no está realizada, y está en manos de la SMA”. Por otro lado, Juan Eduardo Johnson de la SMA, explica que, “a partir de la publicación de marzo de este año, independientemente de la consulta pública, que puede o no modificar el protocolo, ya podría iniciarse el proceso de autorización por parte de los laboratorios que estén interesados en certificarse en la norma lumínica”. Para Guillermo Blanc, de SOCHIAS, “mientras no se definan los protocolos para los laboratorios, es imposible empezar bien el proceso, porque hoy no hay cómo certificar una luminaria”.

Juan Eduardo Johnson, de la SMA, se refirió a la última etapa de los protocolos, indicando que, “en este momento estamos en el proceso de dictación de los protocolos finales. Eso debería estar listo durante el tercer trimestre de 2015”. Igor Valdebenito del Ministerio de Medio Ambiente revela que, “me llegaron a consulta definitiva los protocolos finales. Así que en agosto deberían estar listos”.

La fiscalización

La Superintendencia de Medio Ambiente, además de aprobar los protocolos para certificar a los laboratorios, también debe fiscalizar el cumplimiento de las disposiciones de esta norma. Pedro Sanhueza, de la OPCC, comenta que hace un mes se reunieron con la SMA, “donde les demostramos que no todo lo que está en el decreto nuevo requiere pasar por un laboratorio acreditado. Por ejemplo, los carteles publicitarios, que son grandes, no pasan por laboratorio. A ellos se les hace una medición en terreno”. Pedro Sanhueza indica que hay un acuerdo con la SMA, donde se habría establecido, que en la medida que se generen denuncias técnicamente bien fundadas, éstas se acogerán a trámite.

Juan Eduardo Johnson, de la SMA, confirma que, “hay herramientas que permitirían efectuar una fiscalización en terreno, y así verificar distintos aspectos”. Y agrega que están generando acciones, que son un primer paso de fiscalización, como levantar un registro con la ayuda de la SEC y requerir información a los titulares de proyectos que puedan estar instalando luminarias, para poder evaluar las acciones que implementarán posteriormente.

Para la SMA, la capacidad de fiscalizar, es un tema complejo, lo cual destaca Guillermo Blanc, de SOCHIAS. “Por más que tengamos una norma súper buena; por más que tengamos la obligación de certificar las luminarias que se instalen, en Chile hoy no existe capacidad ni recursos por parte del gobierno de hacer fiscalización. No hay un ítem en el presupuesto de la SMA, que sea para la fiscalización por contaminación lumínica”, enfatiza el astrónomo. Quien agrega que lo que pasa, es que la OPCC y los observatorios terminan tomando la iniciativa de hablar con las empresas. “SOCHIAS junto a la OPCC, está impulsando un plan de ir a las municipalidades a capacitar en la nueva norma. Pero falta algo esencial: que el gobierno diga que no sólo van a pasar una ley de protección de los cielos, sino que se necesita una campaña de fiscalización y de educación súper fuerte, para la gente entienda que la contaminación lumínica es un tema grave”, detalla.

Sobre la capacidad de la SMA, Juan Eduardo Johnson afirma que, “siempre vamos a necesitar aumentar nuestra dotación. En total son alrededor de 60 los funcionarios de la SMA, que pueden realizar estas fiscalizaciones”. Esos funcionarios, también fiscalizan el resto de los temas de la SMA en todo el país. Desde el Ministerio de Medio Ambiente tienen expectativas frente a la fiscalización. “Si bien la SMA es una institución nueva, mi esperanza es que se tenga mayor cobertura que con la norma anterior, ya que la SEC tenía menos personal, mientras que la SMA tiene más y puede subprogramar acciones de fiscalización”, explica Igor Valdebenito.

Johnson, de la SMA, enfatiza que los distintos actores públicos están poniendo el esfuerzo requerido, para que el sistema de certificación esté operativo lo antes posible. “Estamos muy próximos de publicar la versión post consulta pública de los protocolos de medición, y tenemos conversado con los distintos actores para, que la maquinaria se mueva lo más rápido posible”, afirma.

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